¿Somos realmente tan “buenos” o sufrimos del Síndrome del Complaciente?

 

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¿Qué dice la filosofía del yoga sobre eso?
Uno de los dos principios más importantes en la filosofía del yoga son Ahimsa que en Sáncricto significa no violencia y respeto de la vida y Satya que se refiere a la sinceridad y honestidad.
Muchas veces, eso se interpreta como si siempre tuviéramos que actuar de buena forma para no dañar nuestro entorno. Sin embargo, a veces al no dañar a los demás, podemos hacer daño a nosotros mismos. Esto es muy común en la gente que sufre del Síndrome del Complaciente, el cual es una forma adictiva de nunca decir “no” a algo que no nos gusta, de intentar de acomodar a los demás antes que nosotros mismos por el miedo de no caer mal a los demás o estar excluidos. En el fondo, esto es una forma excesiva de preocuparse de lo que piensan los demás de nosotros. De esta forma no nos atrevemos a rechazar las extras tareas en el trabajo que no nos corresponden, aguantamos maltrato, no nos quejamos cuando nos cobran extra por algún servicio sin explicación, sufrimos de perfeccionismo, y tenemos miedo de luchar por lo que nos pertenece o simplemente defender nuestro espacio privado. Simplemente decimos “SI” a todo y luego pasamos por disonancia cognitiva que se parece a una tortura mental de sentimientos opuestos. A primera vista este comportamiento se puede ver como una señal de ausencia del Ego (que también se glorifica mucho en las filosofías del Oriente) y altruismo, pero en realidad es una señal del otro extremo del Egoísmo – la necesidad de ser aceptado y amado por todos, en vez de actuar con honestidad con uno mismo. Al no poner límites y ser asertivo uno no puede actuar en forma sincera ya que a nivel subconsciente, el síndrome de Complaciente trae mucho resentimiento interno que nos hace daño. Y si hay resentimiento detrás de nuestros hechos, no estamos actuando con el corazón abierto sino que del Ego y codependencia.

Ahimsa y Satya se refieren al respetar y ser sincero con uno mismo y de igual forma con los demás. Luego, si uno se embarca en el camino maravilloso del yoga y ha sufrido mucho de lo anterior, encontrarse con su propia verdad y poner los límites con los demás (con amor) es la mejor forma de crecer y evolucionar aunque se trate de la familia o amigos de uno.
A partir de lo anterior, surge una nueva pregunta: “¿Cómo saber si estoy actuando con amor o con la necesidad adictiva de complacer? Cuando cerramos los ojos en la meditación y nos preguntamos, ¿Me está trayendo paz y amor esta decisión? Si la respuesta es sí y se siente felicidad, es una buena señal.
Por otra parte, cuando estamos entregando o haciendo algo desde el amor, no debemos esperar la vuelta condicional. Lo que si es cierto es que la manera segura de hacernos infelices es tratar de hacer felices a TODOS.
En todo caso, es un camino largo de aprendizaje en cual se necesita mucha paciencia, introspección, práctica meditativa y amor hacia uno mismo.

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